Por lo que me cuenta mi abuela antaño la prensa del corazón, y la otra, era más educada que ahora ¡y eso que no había tanta libertad! Dice ella que más o menos todos sabían quien era mariquita y quien no (a veces no se sabía, y no importaba), pero leías una revista y hablaban de lo bien que cantaba o actuaba en una película.
O sea, hablaban de su trabajo, de su forma de expresarse artísticamente, lo demás carecía de importancia, aunque se comentase en una tertulia de ahí no pasaba. Ahora parece que hay una mano negra empeñada en que todo el mundo se declare gay, lesbiana o bisexual, a veces hasta rallando el surrealismo, parece que eso vende (y no se porqué).
La verdad, no se que tienen en la cabeza algunos periodistas, a mi me daría verguenza fajarme cinco años de carrera universitaría, quizás un par de años como becaria y un par de masteres para presentarme ante una personalidad pública y preguntarle si es homosexual.
Jamás, debió ni debería de importar la orientación sexual de nadie para valorar su trabajo o reconocer los méritos en su vida profesional y personal, pero ahí está, esa mano negra, empeñada en que cualquiera que tenga un pequeño gesto de nada que lo aproxime al mundo gay tenga que decirlo ¿Para qué? ¿que importa? ¿querremos más a ese artista por ser homosexual? ¿lo querremos menos? ¿ayuda en algo a las reivindicaciones gays que un famoso lo sea?
Si vamos a esta última pregunta, la verdad, alguno que otro podría haberse quedado en el armario, pero además bien adentro, ya que lo que aportan a la humanidad y al colectivo gay es más bien nefasto, pero ahí andan algunos, presumiendo de pluma a diestro y siniestro, y lamentablemente su único mérito es ese.
Bien por Alejandro Sanz, que en una rueda de prensa, con buenas palabras, mandó a la mierda a algunos periodistas que le preguntaban sobre su orientación sexual.