A lo largo de la historia de la humanidad las mujeres hemos sido maltratadas por el hombre hasta la saciedad en mil formas y maneras, aún hoy no se terminó ese maltrato, solo hay que abrir cualquier periódico y ver mil injusticias que se cometen contra nosotras. No penseis, por favor, en vuestro entorno inmediato donde quizás reina la justicia y la armonía entre sexos, ved la cosa globalmente y comprobareis que esta afirmación no está hecha a la ligera.
Este maltrato constante a través de milenios hizo de nosotras unas expertas en lidiar, de un modo u otro, con las obligaciones, muchas veces caprichosas que los hombres nos imponían, entonces el hombre nos acuso: astutas, sibilinas, traidoras, cobardes, débiles, zorras... y si, muchas de estas cosas podían ser ciertas en nosotras, aún puede que lo sean en muchos casos pero ¿quién nos hizo así? ¿qué necesidad nos impulsó a actuar muchas veces de esas maneras?
Situémonos en el Renacimiento e imaginemos la película: el Caballero Roland, esposo de la bellisima, joven y fogosa aunque fiel a su matrimonio Doña Inés, se marcha a la guerra por un largo periódo de tiempo, Roland no tiene mejor idea que colocarle a su esposa, para que le guarde fidelidad, un bonito cinturón de castidad que ha de llevar quizás... un año, por ejemplo ¿como se sentirá Doña Inés cuando le coloquen ese horrible cinturón? ¿no se sentirá herida como mujer, como persona, en lo más profundo de su ser? ¿qué mujer no se buscaría más pronto que tarde a un amante cerrajero solo por joder al mamonazo de Roland?
La periodista española Ana Pastor tuvo la oportunidad de entrevistar al presidente Iraní Mahmud Ahmanideyad, para realizarle la entrevista le exigieron llevar un hiyab (velo sobre la cabeza) obligatorio para todas las mujeres en Irán.
El velo, que ya no iba muy bien puesto desde el principio de la entrevista comenzó a caerse hacia la espalda poco a poco hasta que se quedó en los hombros, mientras Ahmanideyad le hacía gestos medio disimulados para que se lo recolocase, la periodista, como quien no lo ve, seguía preguntando y Ahmanideyad respondiendo, que tampoco era cosa de aparecer como un tarado ante toda la humanidad.
Y así, sin velo, realizó Ana Pastor casi toda la entrevista. Después tuvo que explicar: que si, que el velo se cayó, pero oye, que ni cuenta me di, que de verdad, no fue mi intención ni mucho menos, es que yo estaba tan atenta a las palabras del presidente que ni me percaté Tan ensimismada estaba escuchando al presidente iraní que, fijate tu, ni cuenta se dio de sus gestos de advertencia para que volviese a ponerse el velo.
Me imagino a Ana Pastor con el velo deslizándose sobre su pelo negro a la vez que piensa que eso puede ser un problema en su cabeza salta el chip ese sibilino que a las mujeres nos habeis instalado, en su mente se enciende una lucecita y mientras el iraní gesticula con disimulo ella piensa ¡Dios me pille confesada pero de ti, de tu velo y de tus estupideces me voy a reir un rato largo y vas a quedar como la mierda que eres!
Ana Pastor dio un pasito más, quizás muy pequeño, pero tan válido como todos los que millones de mujeres dieron y daremos a lo largo de la historia en pro de una verdadera igualdad entre hombres y mujeres ¡Bien por ella! Os dejo con el video de la entrevista, mis apreciaciones están aquí escritas, las vuestras a lo mejor difieren de las mías ¿hizo bien Ana pastor? ¿hizo mal? ¿sirvió de algo su gesto? ¿fue involuntario y ni se enteró? ¿lo hizo a conciencia? vosotros direis.
Ayer la escuche hablando en la radio, y comentaba que de hecho, se le cayo unas 6 veces antes de la entrevista y otras tantas yendo al hotel una vez acabó. No sabia ponerselo bien la mujer, ya que nunca se lo a puesto en su vida, y se le caia.
Eso de que no sabía ponérselo no se lo cree ni ella ;)
Es tan sencillo ponerse bien un pañuelo que es imposible que no lo hiciese, por mucho que ella diga, adrede.