Gracias Doña Angeles

Escrito por Miriam en NOTICIAS
13 de marzo del 2010 a las 18:01

Campos de Castilla

Campo castellano

 

Cuentan, y no creo que siempre sea cierto pero a veces lo es, que detrás de un gran hombre suele haber una gran mujer, y a veces no tienen que salir en revistas demostrando su valía, solo estar enamoradas y tener fe en el hombre que eligieron como pareja.

 

Y gracias a Doña Angeles de Castro, muchos de vosotros y yo pudimos "disfrutar" con una primitiva justicia cuando Azarías ahorca al señorito Iván, seguro que más de cuatro hemos llorado con las divagaciones de Carmen Sotillo ante su marido muerto (¡qué gran alegato feminista!), y no habrá faltado quien reflexionase sobre el futuro de la humanidad si el campo perdiese hombres como el Sr. Cayo. Incluso, gracias a Doña Angeles aprendimos palabras preciosas: engañapastor, ardivieja, barruco, bogal... Y gracias a ella también aprendimos a ver Castilla y a las gentes de sus campos de otra manera.

 

Y cuando parecía que del marido de Doña Angeles ya había salido todo lo que puede salir de un buen hombre ella lo dejó para irse a ese mundo que no sabemos si existe, pero ojalá que si, y el hombre, sumido en una profunda depresión la lloró, mucho, durante dos largos años, llegando a decir él "se ha ido la mejor parte de mi mismo".

 

Pero aún podía dar más de si ese hombre que presumió de que Angeles, su Angeles, había sido la única novia de toda su vida, aquella chica que conoció cuando ella veraneaba en Sedano (Burgos, al norte de España) y por la que recorrió, para verla, más de un centenar de kilometros en una bicicleta hasta que se pudo comprar una moto.

 

Y le hizo a su fallecida "mejor parte", palabra tras palabras, uno de los más bellos homenajes públicos y al alcance de todos. Después para el hombre, que aunque con siete hijos y montones de buenos amigos, vino la vejez, la enfermedad y ese castellano austero, poco dado a pompas y boatos fue languideciendo.

 

soportó una grave enfermedad y salió de ella, sin embargo nunca se consideró vencedor de aquel cáncer de colon, la ciencia había logrado alargarle la vida pero, él lo sabía y humilde lo reconocía, su intelecto no volvió a ser el mismo.

 

Y ese hombre que tanto amo y tanto lloró por Doña Angeles de Castro nos dejaba ayer, será difícil que otro escritor nos vuelva a hablar de los hombres más humildes y recios de los campos de Castilla, esos hombres que él colocó en su tierra porque la conocía bien, pero que convirtió en universales, porque ese mismo campesino que él nos describió podría ser el jornalero mexicano que recoge uvas en la vendimia de california, el hombre solitario de la pampa que cuida a su ganado o el ovejero australiano que mira al sol abrasador e implora un poco de agua.

 

Y ese hombre que tanta literatura nos dió cuando escribió su primera novela no estaba muy seguro de si mismo, que ya digo, siempre humilde nunca se creyó gran cosa, así que Doña Angeles, que era la alegría y el optimismo que él no tenía, le dijo que enviase aquel libro al Premio Nadal y él, bueno, le hizo caso, poco después La Sombra del Ciprés es alargada alzaba con el primer premio y ahí despegaba el gran escritor que nos dejó

 

Ayer a la noche desde mi casa ululaba un buho "no es un buho, es un cárabo" me dijo mi novio, a lo mejor hasta él, personaje al fin de muchos de sus libros, lamentaba la muerte de Miguel Delibes.

Miguel Delibes y su esposa Angeles de Castro

Miguel Delibes con su esposa Angeles de Castro.

 

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