
Martin van Meytens (1695 1770) es el autor de estos dos cuadros, en el primero y en la parte superior una cara sonríe con picardía, en el segundo tenemos la explicación de esa sonrisa
Hace unos cuantos siglos hubo cientos de artistas ¡y los que habrán quedado en el anonimato! que fueron irreverentes y contestatarios con el poder establecido, ocurre que en muchos casos nunca se supo de su existencia o de la represión que sufriron, a veces, de algunos, nos llegan sus obras casi como algo gracioso, pero a saber las vicisitudes que tuvo que pasar un cuadro, un texto o un poema para llegar a nuestros días íntegro.
Hoy en día no faltan personas que se escandalicen por una obra de teatro un tanto irreverente para su modo de ver, y no faltarán tampoco quienes se presenten en ese teatro, con toda su rabia, violencia e intolerancia, a tratar de poner en su sitio a los irreverentes y blasfemos.
Otros, los más normales, nos escandalizaremos pensando un ¿a donde vamos a ir a parar? los unos se preocuparán por la irreverencia de los artistas y los otros por la intolerancia de los violentos, pensamos que es nuevo, pero no, tiempo atrás artistas o intelectuales hubo que terminaron en la hoguera por escandalizar a las mentes bienpensantes de la época, y lo que es peor ¡a veces terminaron en la hoguera y tenían razón!
Ocurre que hoy, si un artista pinta, escribe o cualquier otra cosa algo realmente provocador, que moleste a ciertos colectivos en cosa de minutos allí estarán los periodistas, más que informándonos, echándo leña al fuego, buscando con sus textos pervertidos que la otra parte se soliviante y evidentemente no faltará quien lo haga, cuando esto suceda allí estarán ellos, de nuevo, para dar cuenta, en cuestión de minutos de esa intolerancia. Todo esto recorrerá el mundo en nada y menos de tiempo y toda la humanidad se enterará, horrorizada a veces, del asunto.
Antes sucedía tres cuartos de lo mismo, lo que pasa es que no estaban los periodistas, las cosas iban de boca en boca y a lo mejor una determinada obra irreverente o contestataria podía estar muchos meses dando vueltas por ahí, despacio, sin prisa pero sin pausa, hasta que alguien la denunciaba, entonces, lejos de aparecer unos intolerantes cualesquiera, aparecían unos intolerantes pero con autoridad que no se pensaban mucho lo de pegarle fuego a la obra y llegado el caso al artista.
Y esto no escandalizaba mucho, si acaso a la localidad donde sucedía porque de ahí no salía hasta pasado bastante tiempo que iba corriendo de boca en boca o, como mucho, entre cartas que podrían enviarse un intelectual a otro a cierta distancia.
En definitiva, no se lo que pensais vosotros, pero mejorar no hemos mejorado nada, ante algo "irreverente" no faltarán los intolerantes de siempre, da igual su signo político, su credo religioso o cualquier otra cosa, con menos poder quizás, pero igual de violentos que antaño ¿por qué se empeñarán en prohibir, quemar, etc. lo que a ellos no les gusta si con no verlo nada sentirían?