Siempre pensé que hay que saber envejecer con cierta dignidad. Cuidarse está bien, tratar de aparentar un poquito de juventud cuando se está perdiendo es una coquetería sana y que a buen seguro agrada a los demás, y si lo logramos, seguro que nos sentimos mejor nosotras mismas.
Fuera de eso, cuando nos salimos de esa "normalidad" ya pueden suceder dos cosas, además de que nos gastemos un dineral, claro, las dos cosas son: que crean que tenemos una enfermedad o que hagamos el ridículo más espantoso.
Si además tenemos una hija que nos apoya, encima estaremos evidenciando que también hemos fracasado en la educación de la criatura. Permitidme que os presente a Janet Cunliffe una señora británica de cincuenta años:

Cuando Janet se divorció comenzó a hacerse algunos arreglitos y a cuidar un poquito el tipo, nada del otro mundo, todas merecemos vivir la vida y sentirnos bien:
Cualquiera podría pensar que con cuarenta y tantos o cincuenta años así ya estaba bien (es la rubia, la morena es su hija) ¿no? ¿para qué más cirugía, verdad?. Pues si, hacía falta más, ni la madre ni la hija eran... del todo felices, la mamá tenia que aparentar más juventud (lo malo es que no la tiene):

Pues si, mamá es la chica de la derecha según mirais, la del vestido lila/marrón osucro/morado o como querais decirle a ese extraño color. Supongo que se sentirá muy feliz pero ser así le costó la friolera de 10.000 libras esterlinas y estár llena de parches, apliques, fajas, extensiones y bobadas que como poco le hacen la vida más incómoda.