Ultimamente parece que los jueces españoles se han distanciado del palpitar de la calle y entre tanta corrupción de políticos se han olvidado de ser ecuánimes en su trabajo y de tratar a todos por igual. Es bien sabido que quien hizo la ley hizo la trampa y que los jueces, como sujetos con opinión propia, interpretan la ley como les viene en gana a ellos o al ricachón de turno.
Pero de la subjetividad a la hora de hacer cumplir la ley a meterse sin ton ni son en camisas de once varas va un largo trecho. Ahora mismo el juez Calamita estará pensando quien le mandaría a él meterse en lios con una pareja de lesbianas por la custodia del hijo de una de ellas (fruto de una inseminación artificial).
Ahora tendrá tiempo para preguntarse si es idoneo que un juez afirme que los "niños adoptados por gays son cobayas humanas [...] los niños necesitan de un padre y una madre. Un hombre y una mujer se complementan. Dos mujeres no". La próxima vez, si no quiere volver a tropezar con la misma piedra, mejor que se guarde la opinión para si y que se limite a juzgar si la pareja es idonea para la niña.
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