Me gusta hacer senderismo, eso de caminar por caminos y veredas bonitas, y sobre todo por la alta montaña cuando tengo ocasión. Afición que comparto con mi novio. En esas caminatas, cuando paramos para descansar... no es la primera vez que terminamos echando un polvo de campeonato en plena naturaleza.
Este fin de semana estuvimos en un paraiso natural allá por el norte del país, un lugar precioso. Ibamos caminando y una pareja venía, toda feliz por la soledad del bosque, nos saludamos y nos dijeron que habían logrado ver un oso.
Le pregunté a mi novio si eso no sería peligroso y me dijo que para nada, que los pobres osos, de tantas como les hemos dado huyen de nosotros como de la peste, eso pareció confirmarlo la pareja que charlaba con nosotros, lo habían visto durante un segundo, no más.
A eso de las dos de la tarde, mi novio sacó de la mochila unos bocadillos y comimos, me senté sobre sus rodillas a que me hiciese cariñitos. Cerca había un enorme roble hueco, y bromeamos sobre que era un buen lugar para echar un polvo.
Le faltó tiempo para llevarme en volandas y terminamos follando en el hueco del arbol, bueno... mejor dicho, terminé follada, a medio polvo a mi cabeza vino la imagen del oso, que sería atraido por las feromonas que desprendíamos y que llegaría y nos despedazaría.
Así que mi organo sexual principal se bloqueó, solo pensó en un oso enorme atacándonos, y la verdad, no lo disfruté nada (mi novio si, que los chicos sois así, follais y no os preocupan los osos enormes). No le dije nada hasta después de acabar, mi novio se rió y me volvió a asegurar que un oso, salvo que se vea muy acorralado no nos atacaría nunca (cosa de la que yo no estoy nada segura).
Seguimos disfrutando del paisaje, de pronto mi novio se paró e hizo que me agachase, sacó los prismáticos y me dijo que mirase con ellos a una roca muy lejana, un risco sobre un barranco. Allí estaba, enorme, majestuoso y sentado tranquilamente contemplando el paisaje el que me había jodido el polvo, tan tranquilo él.
Pensé mientras lo contemplaba que esa era su venganza por todas las que le habiamos hecho pasar, por todos los tiros que les pegamos y por todo lo que desgraciamos su hábitat, jodernos un polvo a quienes nos atrevíamos a entrar en sus dominios.
Lo estuvimos contemplando durante un buen rato, debido a la distancia él no percibía nuestra presencia, hasta que le dio por marcharse con su lento andar y perderse en la espesura. Le conté a mi novio lo que yo pensaba.
-Bueno -me dijo- agradéceselo, se ve que te jodió el polvo pero te regaló el poder verlo, es muy raro poder ver a un oso y menos tanto tiempo.
Resulta que al final, según el guardabosques con el que hablamos cuando nos ibamos del lugar soy, como dice mi novio, muy afortunada por haber contemplado durante tanto tiempo al rey del monte (así le llamó). Pero eso si, la próxima vez que visite los dominios del oso no me follan (me gusta disfrutar de un polvo y no pesar que un oso me va a devorar) lo de follar en el monte lo dejaré para bosques más tranquilos como el de la parejita de Videosamateur.com que os linké al principio.