No penseis mal, bueno, al menos no muy mal. Se trata únicamente de una prenda de trabajo "realizada para poder efectuar tareas manuales y equipada con amplios bolsillos para poder guardar todo tipo de herramientas". ¡Ea! como si los albañiles no tuviesen ya inventado donde guardar y portar herramientas.
De un tiempo a esta parte, la moda y sus gurús, están intentando desvirizarlo todo, "ser hombre es repugnante" parecen estar diciendonos. Primero fue la moda esta de los metrosexuales, que no es otra cosa que dedicarse a hacer mariconadas presumiendo de ser hétero (¿de verdad dentro hay un hétero?) y ahora esto.
No se si conoceis a las sociedades escandinavas, no tengo mucho espacio para relataros aquí todos sus pormenores pero si puedo deciros que los hombres suecos o noruegos están, por muchas razones, bastante acomplejados, es como si a cada paso deseasen pedir perdón por ser hombres y lo malo es que lo hacen (no todos, pero si una gran mayoría). Así las cosas la empresa sueca Blåkläder es posible que haya encontrado un buen nicho de mercado en los que deberían de ser viriles albañiles.
Hay cosas que no me gusta que cambien. A mi contrariamente a lo que piensan las que yo llamo "feministas de sillón" me encanta de buena mañana escuchar desde un andamio y con buena voz eso de "Loliiiiiiiiiiii, que buena estás, cagontó" incluso acepto eso de "tacía yo un traje saliva que tivas a cagá" o "ese culito... que no pase hambre". ¡Caramba! que si sales de casa pensando en si irás bien arreglada y el espejo no te lo confirmó suficientemente te lo confirma con creces el señor del andamio. A veces, agradecida, hasta les devuelvo la sonrisa y les doy las gracias.
¿Y ahora que pretenden? ¿descafeinarme a mis queridos albañiles? ¿acomplejarmelos? os imaginais a un albañil hispano con su faldita lanzando piropazos (a veces hasta groseros y todo) desde el andamio. Yo no, yo casi me lo imagino colgado de una cuerda (él mismo lo hizo, por verguenza) del andamio o tirándose de él de cabeza.
¡Qué no!, que no se os ocurra poneros esas ridículas faldas, vosotros con vuestros pantalones y vuestras camisetas blancas de tirantes, como Marlon Brando en "El último tango en París" o Silvester Stallone en la primera de Rocky. Así, rudos, pareciendo lo que sois: hombres, y piropeandonos sin complejos, que a la mayoría nos dais una alegría caramba. A ver si en lugar de alegrarnos vosotros él día tenemos que piropearos nosotras, ya me estoy viendo desde la acera berreando: "¡cachondo! menudo polo tienes entre las piernas".
