Una estudiante rusa, 18 añitos, regresaba a casa tras una larga noche de juerga y vodka en vaso de tubo. Una vez en el metro, se le termina de subir el alcohol a la cabeza y da comienzo el espectáculo.
Se encarama a las máquinas que dan acceso a los andenes y se despoja de su abrigo, contoneándose como una profesional del striptease con las tetitas al aire por media terminal, para pasmo de la concurrencia:
Tras casi media hora de meneos en topless, la seguridad del metro acude en socorro de la moral y las buenas costumbres cubriéndola con una chaqueta.
Bonitos pechos -declaró un guarda-, pero sin el ticket no puede viajar. Lo curioso es que tiene dinero, esto debe haber sido consecuencia del alcohol.